sábado, 28 de enero de 2017

Hablemos sobre los periodistas, medios de comunicación, tecnología y el futuro que espera a los comunicadores

Por EBER HUEZO

Cuando nos enfrentamos a un aparato tecnológico que cada vez nos facilita la vida y trabajamos en empresas periodísticas sólidas, nunca pensamos que esta misma se revertiría contra nosotros, sobre todo, para los gremios de trabajadores y profesionales de la comunicación de todo el mundo, que por hoy están siendo relegados por decenas y en El Salvador no es la excepción.

Leyendo sobre los despidos de periodistas de El Diario de Hoy y los pronunciamientos de la Asociación de Periodistas de El Salvador, no puedo más que lamentarme por dos cosas: Una, por la poca solidaridad que ha existido en el gremio de comunicadores al no apoyar a una gremial que ha tenido como objetivo defender los intereses de los periodistas, y segundo, por dejarse enajenar por el pensamiento de los medios para los cuales trabajan.

Desafortunadamente aquellos que se consideraban inamovibles en algunos medios como la televisión, la radio y la prensa escrita, ahora han recibido un puntapié como premio a su fidelidad y su buen trabajo; así es la empresa privada.

Lo inevitable ha llegado, y con el surgimiento de las redes sociales y las innovaciones que cada día nos sorprenden las compañías de Internet como google, facebook, twitter entre otros, han puesto en crisis a las grandes corporaciones, y por desgracia somos los periodistas los que estamos siendo relegados a buscar alternativas para hacer nuestro trabajo.

Lamentablemente muchos periodistas se han acoplado a los medios tradicionales, y como lo mencioné antes, no son solidarios en cuanto apoyar y unirse para defender sus derechos, sin comprender que las empresas periodísticas para las que laboraban son dirigidas por empresarios calculadores, que defendiendo sus propios intereses, orientan sus espacios al poder político y económico.

Hoy no me sorprenden los despidos de empleados, tampoco me sorprenderá en el futuro el cierre de periódicos tradicionales de El Salvador, tomando en cuenta el surgimiento de medios alternativos en la Internet, el costo económico que representa comprar un ejemplar de un periódico impreso y la pérdida de credibilidad por mantener una ideología partidarista, todo lo contrario al buen periodismo.

En este punto, me llama la atención que la misma política mercantilista de los periódicos hoy se revierte contra ellos, porque a decir verdad, la rentabilidad de los medios de comunicación no reside en la venta de sus espacios informativos, sino de la venta de espacios publicitarios. Si estos medios impresos quisieran recuperar a sus lectores y competir con las redes sociales y medios alternativos, solamente tendrían que regalar sus ejemplares y no venderlos como ha sido la costumbre.

Por otro lado, el periodismo tiene que ser independiente, no ideológico, tolerante, porque se orienta a todo tipo de lectores con distintas corrientes del pensamiento. Y en este sentido me atrevo a pensar que éste ha sido el fallo de estas corporaciones que, lejos de hacer periodismo, han sido panfletos propagandísticos de un partido político llámese de izquierda o de derecha.

No han permitido a los periodistas ejercer su trabajo con ética y profesionalismo, no han respetado sus derechos ni tampoco los han dejado probablemente agremiarse, violando sus derechos y obligándolos a escribir sus notas de acuerdo a sus lineamientos ideológicos para dañar la reputación de instituciones y personas.

Me sorprende ver a veces en las redes sociales a periodistas que se formaron conmigo en la universidad que por hoy son irreconocibles. Tal es medio de comunicación, tal su pensamiento.

Otros más pesimistas comentan que “a la APES nadie le hace caso”. Es probable que así sea, pero la culpa la tenemos nosotros mismos que no nos hemos dado a respetar, cada quien jala por su lado, debilitando una gremial que desde hace mucho debió ser fuerte; pero aún es tiempo, afíliate antes que sea demasiado tarde.




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jueves, 19 de enero de 2017

De expectativas a realidades con Donald Trump

 EBER HUEZO

Donald Trump,Presidente de los Estados Unidos.
Sin duda el arribo del multimillonario Donald Trump este 20 de Enero a la Presidencia de los Estados Unidos tiene en expectación a demócratas y a votantes republicanos que no están seguros si el gobernante será capaz de conducir los destinos del país al igual que lo ha hecho con sus propias empresas y sus inversiones en el mundo de los negocios.
Todos sabemos que por muy exitoso que haya sido en sus empresas, no será lo mismo resolver los diferentes problemas internos y la seguridad del país ante la constante amenaza terrorista y las relaciones internacionales con Europa, Asia, el Medio Oriente y América Latina, especialmente con Rusia, país que se le atribuye según el FBI y la CIA haber interferido en las elecciones estadounidenses a favor del mismo magnate.
Los inmigrantes latinos estamos expectantes sobre los cambios que se producirán en materia de salud, las medidas administrativas de Barack Obama relacionadas a la reforma sanitaria, migración, la construcción de un gran muro en la frontera con México, así como su promesa de restringir las remesas familiares y hacer volver empresas que trasladaron sus operaciones al extranjero.
Trump dijo muchas cosas durante su campaña política relacionadas con la política interna del país, y no dudaba en opinar sobre cualquier cosa lanzando a la opinión pública sus puntos de vista, entre las cuales hubieron muchas frases despectivas contra los inmigrantes musulmanes, mexicanos y chinos.
Asimismo, rompe el protocolo de los partidos políticos y llega a la Presidencia aclamado por opositores a las medidas de Barack Obama, el racismo y los anti inmigrantes, así como las dudas de su legitimidad de haber ganado las elecciones de noviembre pasado, pero aun así deberá aceptarse que es el nuevo Presidente de los Estados Unidos.
Creo que muchas cosas cambiarán en el país y el mundo, pero debemos ser optimistas y no dejarnos influenciar de quienes pretenden demonizar desde ya su administración cuando ni siquiera le hemos dado la oportunidad a un personaje que ha sido idealista y exitoso en sus propias empresas.
Los latinos tenemos razón en estar expectantes debido a las amenazas de repatriar a millones de indocumentados, abolir las medidas administrativas en materia de inmigración, que por cierto ha favorecido a millones de jóvenes soñadores. Y tampoco tenemos claro qué pasará con los millones de personas que se favorecen con un permiso o una visa de trabajo.
Donald Trump, desde mi punto de vista, es un estratega de las finanzas, cuyo interés como lo ha repetido muchas veces, es volver hacer de los Estados Unidos “un gran país”, aunque no se si se refiere al crecimiento económico antes de los atentados del 11 de noviembre del 2001.
Económicamente hablando todo buen empresario limita las fugas de capital, cambia precios y estratégicamente busca sus propios distribuidores de entera confianza. Lo cierto es que no será lo mismo sentarse en la silla para administrar sus propias empresas que ser administrador de una empresa desconocida y pública, donde todos los ciudadanos estadounidenses tienen sus propios intereses.
Si Donald Trump toma medidas equivocadas, perdemos todos (republicanos y demócratas) y de esto debe estar consciente el nuevo Presidente, que sus decisiones no solo repercutirán positiva o negativamente a nivel nacional y mundial, porque de hecho, el mundo entero está expectante de sus decisiones.
Trump debe estar consciente que como puede provocar la paz, puede provocar la guerra, debe estar consciente que por sus decisiones o provocaciones las potencias del mundo pueden dejar de ser sus aliados para convertirse en enemigos de los Estados Unidos. Y en este sentido, los republicanos tienen un gran compromiso de orientar a su Presidente para encaminarlo a la senda correcta.
Los demócratas también tienen un gran compromiso, primero reconocer que no todo lo que deja Barack Obama fue lo correcto, algunas cosas estuvieron equivocadas para el bien común de los estadounidenses, por lo que se debe continuar abonando ideas y continuar la lucha por aquello que creemos justo para nuestras comunidades.
La Reforma Migratoria debe ser un tema que debe seguirseempujando, aunque Trump haya considerado en su momento que dar ciudadanías a inmigrantes ilegales “sería un suicidio para el Partido Republicano”, porque “esos 11 millones de personas votarán después por los demócratas”. No creo que esto sea del todo cierto, más bien que si Donald Trump es inteligente debería estar de acuerdo con legalizar a millares de indocumentados, que sin duda contribuirían a su pretendido anhelo de volver hacer de Estados Unidos un país grande.
Hasta hoy no he escuchado ninguna declaración sobre las modalidades que tomará sobre Latinoamérica en materia económica y de seguridad, cuando bien se sabe que los países de la región son estratégicos para la tranquilidad de los Estados Unidos.
Rusia y China están al acecho de las oportunidades para expanderse en la región y, de hecho, lo están haciendo con tentáculos en países donde sus gobiernos tienen tendencias comunistas.
Al mismo tiempo deberá entender que en los Estados Unidos no todos son ricos como él, que existen millones de personas que necesitan cobertura médica y otros servicios sociales, deberán reducirse los índices de desempleo y que las empresas norteamericanas necesitan mano de obra.   Trump dijo muchas cosas durante su campaña politica, sigue peleándose con quienes le contradicen sus ideas, pero yo sigo pensando que no es lo mismo ver un partido de fútbol desde las graderías, que estar en la cancha jugando. Trump por muchos años ha estado viendo el juego político desde su sillón de empresario y no tiene ni idea la ola de situaciones que tendrá que atender como Presidente de Los Estados Unidos. Sin embargo, desde hoy, tiene la oportunidad de estar dentro de la cancha, y sus perspectivas deberán cambiar obligatoriamente para tomar decisiones acertadas para su país.
Foto tomada por Scott Olson/Getty Images.

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domingo, 15 de enero de 2017

Acuerdos de Paz vs retórica política y realidad en El Salvador

Por EBER HUEZO

Entendiendo la dialéctica como la técnica de la conversación o argumentación análoga de contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así como la detección y superación de estos contrapuestos, pienso que en los políticos salvadoreños aún no han madurado lo suficiente para entender, dialogar y sacar conclusiones positivas para darle solución a los problemas económicos y sociales de nuestro país”.

Firma de los Acuerdos de Paz en Chapultepec.México . Foto tomada de Casa Presidencia de El Salvador.www.presidencia.gob.sv/el-salvador-celebra-el-16-de-enero-24-anos-de-los-acuerdos-de-paz/

Partiendo de una realidad en el contexto de los Acuerdos de Paz, un documento muy importante e histórico que legaliza la participación política de los diversos sectores  y el fin del conflicto armado entre las fuerzas beligerantes, así como reformas a las instituciones del estado, pienso que los problemas sociales originales siguen tan vigentes como a principios de los años 80s, con un poco de ajuste a la ya previsible violencia provocada por las pandillas.
   La extrema pobreza, aunque superada un poco por las divisas familiares que a diario se envían desde los Estados Unidos para convertirse en un respiradero que logra alimentar la economía del país, a un costo muy alto de sufrimiento, dolor y desintegración familiar de millares de compatriotas, que día a día emprenden el viaje de la muerte en su sueño de llegar a los Estados Unidos huyendo de la pobreza y la violencia en El Salvador.
   Seamos realistas, con los Acuerdos de Paz no se lograron los cambios sociales ansiados por la clase trabajadora, antes bien, los problemas se agudizaran con los proyectos de nación de los gobiernos de derecha al vender las instituciones del estado a empresas multinacionales para invertirlos en la reconstrucción, pero más adelante la corrupción rebasando el vaso con el enriquecimiento ilícito de algunos ex gobernantes de gobiernos de ARENA.
   Actualmente como lo mencionaba alguien “los políticos y los funcionarios públicos tratan de distraer la atención de los ciudadanos, sumergiéndose en discusiones bizantinas que nos alejan de la grave situación por la que pasa el país, y lamentablemente los medios de comunicación dan la impresión de ser parte de este juego político”.
   Los actores de la firma de los Acuerdos de Paz probablemente arengarán en sus discursos sobre los beneficios de los mismos, pues éstos fundamentalmente modificaron las instituciones tales como las Fuerzas Armadas, creación de la Policía Nacional Civil, modificaciones al sistema judicial y a la defensa de los Derechos Humanos, modificación en el sistema electoral y adopción de medidas en el campo económico y social.
   Las primeras de índole institucional fueron evidentes, pero no así aquéllas de carácter económico y social. Hace algunos años entrevisté a un alto funcionario del FMLN quien me explicó que: “Ellos como ex guerrilla habían luchado en las montañas contra la represión y para que el país fuera más incluyente, es decir, se permitiera la participación de las distintas fuerzas políticas, y que ahora en el gobierno, necesitaban tiempo para implementar un sistema socialmente justo”.
   Es probable que en esencia el FMLN no haya perdido la brújula de los cambios que se necesitan implementar en el país para combatir la extrema pobreza, pero hay que tomar en cuenta que en El Salvador no se produjo una revolución, sino un “acuerdo de paz” y ese acuerdo incluye a diversas corrientes de pensamiento -opuestos e irreconciliables- que deben respetarse.
   La libre empresa debe respetarse y estimularse, porque sin ella cualquier proyecto económico va al fracaso, pero también esta debe limitarse de excederse en sus funciones y tomar ventaja para tratar de influir en las funciones del gobierno. También hay que fortalecer la institucionalidad del país, porque son las instituciones las que garantizan la democracia. Entonces queda claro que el diálogo es una constante para llevar a cabo cualquier proyecto de nación exitosa.
   Y creo que aquí surge el problema por el cual en El Salvador no hayamos avanzado como quisiéramos; en realidad han habido intentos por constituir y llevar a cabo un proyecto de nación, pero desafortunadamente ni los Acuerdos de Paz intermediada por las Naciones Unidas a logrado que este proyecto cumpla todo su cometido para llevarlo a buen final que nos garantice la paz con justicia social.
   Por otro lado, los partidos políticos se suponen representan el pensamiento y la interpretación de la realidad de los distintos sectores; la realidad puede ser relativa, pero la verdad es absoluta. El Salvador no goza de paz por la violencia generada por las pandillas, que cada día deja luto y dolor en el país, prevalecen sectores excluidos de la riqueza que se genera, hay altos índices de desempleo y todos los días cientos de salvadoreños corren hacia el exterior en busca de oportunidades.
   Asimismo, el país sigue dependiendo de las remesas familiares para mantener a flote la economía, se ha hecho de la política un negocio y la corrupción parece no desaparecer en las instituciones.
Hay una lucha constante que tal parece es un país ingobernable, en donde las buenas ideas se desechan para hacer prevalecer aquellas que solo benefician a pequeños sectores privilegiados como siempre del país.
   Es en este ambiente es que hoy conmemoramos los 25 años de los Acuerdos de Paz, muchos incluyendo miembros del FMLN y dirigentes sindicales, políticos, religiosos y empresariales, que ven con escepticismo este acontecimiento que el gobierno celebra con mucha pompa, pero interiormente no están conformes como no lo estamos todos los salvadoreños honestos.
Si bien es cierto, algunos nos sentimos defraudados, y creo que es un buen momento para reflexionar sobre su significado y lo que nos puede inspirar para lograr la ansiada paz con desarrollo que tanto anhelamos todos los salvadoreños.
    Los que ahora vivimos fuera de nuestra patria nunca hubiésemos querido dejar nuestro terruño, pero las circunstancia nos obligaron a esta dolorosa decisión, y seguimos esperando que El Salvador logre ser un país de prosperidad y paz, con oportunidades para todos, como se ha prometido muchas veces los partidos politicos de nuestro país, pero hasta ahora los únicos beneficiados son los de siempre, los que han estado en el poder fuera y dentro del gobierno.
   Queda pues claro que los salvadoreños seguiremos esperando que esos Acuerdos se cumplan y al final heredemos a las nuevas generaciones en un ambiente de paz y tranquilidad. Anhelo que llegue ese día.


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viernes, 13 de enero de 2017

Un año de paz sin pandilleros, un anhelo que podría ser realidad en El Salvador

Por EBER HUEZO

Hace aproximadamente 22 años entrevisté a un reconocido jefe pandillero de la mara 18 en los alrededores de la colonia 10 de Octubre en San Marcos, San Salvador, le rodeaba un grupo de sus compañeros -la mayoría adolescentes- quienes atentamente escuchaban a su líder contestar a mis preguntas, que luego las transcribí para un semanario en la ciudad de Los Angeles, California.
Por su puesto que en esa fecha aunque las pandillas ya daban qué hablar en las distintas colonias de la periferia de San Salvador donde viven las familias más pobres, no estaban tan proliferadas como ahora.

Las autoridades calculaban para ese entonces unos 18 mil miembros, y los asesinatos se limitaban a unos cuantos sin causar ninguna alarma en el país y la comunidad internacional.
El jefe pandillero, quien curiosamente era hijo de una ex activista de la antigua guerrilla, hoy en el gobierno, vio en mi entrevista una gran oportunidad para expresar ciertos problemas sociales en el país que motivaban a los muchachos. sobre todo a los adolescentes, a asociarse en los grupos antisociales. Una de esas razones, me dijo, era la falta de oportunidades, la escasa existencia de programas educacionales para la inserción y re-adaptación a la sociedad de esos muchachos.
Me señaló a uno de los jóvenes que le acompañaban -un adolescente, a quien le calculé unos 16 años de edad- y luego me dijo: “Este por ejemplo, lo abandonó su padre para emigrar a los Estados Unidos, no sabe ni siquiera leer y escribir, mucho menos sabe un oficio; su mamá, apenas le alcanza para darles de comer, mucho menos para mandarlo a la escuela. Si busca trabajo no le dan oportunidad porque está tatuado, y la única forma que encontró para sobrevivir fue integrarse a la mara”.
No recuerdo más sobre aquella larga entrevista que le hice a este líder pandillero, pero si recuerdo que me confesó que voluntariamente estaba dejando la actividad pandillera para dedicarse a su hijo recién nacido, porque no quería que siguiera sus pasos de convertirse en un pandillero cuando creciera.
Algún tiempo después supe que lo habían involucrado en un asesinato que no había cometido en la colonia 10 de Octubre. Sus compañeros habían asesinado a un cobrador de buses por haberse atrevido a coquetear con la novia de uno de sus miembros y las autoridades responsabilizaron a él por ser reconocido como el jefe de ese grupo delincuente.
Las palabras de aquel líder pandillero sobre el origen de las pandillas en El Salvador quedaron en mi memoria, aunque con los años he comprendido que además de la exclusión social, el incremento de pandillas se deben al narcotráfico, la pérdida de valores cívicos y morales, la desintegración familiar, la migración y la deportación de millares de pandilleros desde los Estados Unidos entre otros.
De alguna forma da tristeza ver como en los últimos 25 años los distintos gobiernos en El Salvador -incluyendo el FMLN- sigan pensando que con represión van a desvanecer la existencia de pandillas en el país, cuando realmente es todo lo contrario.
Hoy por hoy, me llaman la atención dos iniciativas que surgen desde dos extremos relativamente opuestos, la voluntad del gobierno y el ex presidente Alfredo Cristiani, mandatario que firmó los Acuerdos de Paz, para firmar  un acuerdo que promueva la Cultura de Paz en el país en el 2017.
Según ellos la declaratoria de promoción de Cultura de Paz permitiría desarrollar actividades en cada uno de los departamentos para hablar de los Acuerdos de Paz, donde sus protagonistas narrarían su experiencia y narrar también cuáles fueron los resultados de aquel acuerdo, y cuáles son los desafíos que se tienen ahora.
La otra iniciativa surge de un grupo de pandilleros, quienes dicen representar unos 60.000 a 70.000 integrantes. Ellos han manifestado su interés en abrir un diálogo con el Gobierno para desmovilizarse e integrarse a la sociedad. La oferta de las maras ha llegado a través de un reportaje en un periódico digital salvadoreño que entrevistó a tres representantes de las bandas criminales.
Los líderes justificaron su intención de negociar para detener la crisis de violencia que vive el país centroamericano y frenar la escalada bélica entre las pandillas y las fuerzas de seguridad. Estos enfrentamientos provocaron en 2016 más de 500 muertos entre los pandilleros y un poco más de 60 entre los agentes del Estado.
En el reportaje, uno de los pandilleros asegura que “todo ser humano tiene derecho a cambiar”. Y agrega: “No toda la vida va a andar uno haciendo cosas ilícitas”. En sus declaraciones, los delincuentes, a los que El Salvador califica como terroristas, proponen al Gobierno crear mesas de diálogo en las que estén presentes el Ejecutivo, las pandillas, los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.
Resulta interesante que las pandillas aprovechen el contexto de la conmemoración de los 25 años de los Acuerdos de Paz para proponer nuevamente un dialogo con el gobierno salvadoreño. Pero en este caso, un problema tan complejo como el de las pandillas,  parece difícil de resolver para cualquier gobierno en el contexto del diálogo. Primero, porque las motivaciones y acciones no son ideológicas sino criminales. Los asesinatos, las extorsiones y el tráfico de drogas están fuera de la ley, de manera que negociar con quienes cometen esos delitos resulta improcedente desde mi punto de vista.
Es por eso que la “negociación votos por privilegios” de algunos sectores políticos con las pandillas en las anteriores elecciones en El Salvador, fueron criticadas fuertemente porque se salía del marco legal para entrar a una estrategia ilegal y corrupta para llegar al poder. Pero resulta hasta cierto punto hipócrita abandonar esa premisa de la negociación cuando sabemos que aunque el gobierno salvadoreño ha implementado medidas represivas fuertes para reducir el accionar de las pandillas, los resultados siguen siendo pobres, y lejos de vislumbrar una solución, el problema se vuelve más complejo
Datos oficiales recientes indican que El Salvador cerró el 2016 con 5.278 homicidios (14,4 diarios) para una tasa de 81,2 por cada 100.000 habitantes. Y esa cifra representó una reducción del 20% con respecto al año previo, cuando también se registró un día sin homicidios: El 22 de enero de 2015. Fue en este año, sin embargo, que el país recuperó el título de más violento del mundo -fuera de los países en guerra- con una tasa de 104 homicidios por cada 100.00 habitantes.
Y las actuales cifras todavía están muy por encima de las alcanzadas durante una polémica tregua con las pandillas o "maras", repudiada por las actuales autoridades y quienes tienen la esperanza de acabar con las pandillas, pero a nuestro punto de vista es un ideal que no se va a cumplir aunque pretendamos ser optimistas.
El futuro no es prometedor si tomamos en cuenta el auge de las pandillas que se extiende a lo largo y ancho de países como Honduras, Guatemala, El Salvador y México. A esto debemos agregar la inminente deportación de más de tres millones de indocumentados que en su mayoría son miembros de pandillas.
Es necesario buscar soluciones más realistas basadas en su origen de exclusión económico y social y no solo represiva como se pretende; la inclusión de los pandilleros a la vida social no debe descartarse y no se debe descartar tampoco la negociación, pero no una negociación de dame y yo te doy, porque no es legal negociar con grupos que están fuera de la ley. Sino más bien tener un paquete de propuestas concretas para que los miembros de pandillas tengan la oportunidad de insertarse a la vida económica y social del país.
Los modelos de inclusión deben tomar en cuenta la salud mental y psicológica de todos aquellos que desean salirse de ese mundo hostil como son las pandillas. Asimismo, deben prepararse programas de salud mental que impliquen terapias consecutivas tomando en cuenta que estos jóvenes son víctimas de una psicosis de miedo e inseguridad y, como tal, están a la defensiva.
Por otro lado, deben prepararse talleres culturales que permitan una reeducación en la recuperación de valores cívicos, morales y espirituales. Por último, crear talleres vocacionales que les permitan a mediano plazo re insertarlos a la vida social y económica del país.
Por supuesto que para lograr lo anterior es necesaria la cooperación de todos los sectores del país, y en este sentido, y la iniciativa de desarrollar un acuerdo que promueva la Cultura de Paz en el 2017 es positiva, pero éste debe incluir, además de enseñar a las nuevas generaciones lo que significó los Acuerdos de Paz para El Salvador, propuestas concretas para darle solución al problema de las pandillas que socavan la paz y limita a la población vivir entre la violencia y la muerte.
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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Qué podemos esperar los latinos de la administración Trump

Por EBER HUEZO


El triunfo del magnate Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos ha generado incertidumbre entre los millones de latinos que esperábamos un rotundo triunfo de la demócrata Hillary Clinton que nos prometió una reforma migratoria para legalizar a millones de indocumentados que viven y trabajan en este país.
La incertidumbre viene además por las fuertes declaraciones anti inmigrantes del ahora Presidente electo, su intención de construir un gran muro entre México y los Estados Unidos y abolir las iniciativas ejecutivas del presidente Barack Obama que ha dado alivio temporal a millones de jóvenes soñadores y reformado el sistema de salud para darle cobertura médica a familias de bajos recursos.
El triunfo de Trump también a causado temor entre los latinos y otras minorías porque los demócratas durante su campaña satanizaron la imagen de un Trump como un ricachón frío, autoritario y egocéntrico, comparándolo en algunas veces como un futuro dictador racista al igual que lo fue Adolfo Hittler en Alemania antes de la segunda guerra mundial.
Este hecho movió intensas campañas para que residentes latinos se convirtieran en ciudadanos estadounidenses con la idea de arrasar las intenciones del magnate de convertirse en el nuevo Presidente de los Estados Unidos, en donde, de hecho, estuvo involucrado el gobierno mexicano y organizaciones convencidos que el voto latino definiría las elecciones del pasado 8 de noviembre.
Pasado el shock de los resultados de las elecciones, debemos sentar cabeza y volvernos a la realidad de nuestro futuro en este país, pues para comenzar, es mentira que de hoy en adelante tendremos a un dictador como Presidente.
Estados Unidos goza de un sistema democrático sin precedente. La Declaración de Independencia es el documento con el que proclama que todos los hombres han sido creados iguales y que están dotados de un derecho inalienable a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, por lo que en este país se han mantenido "unidos e indivisibles", aún bajo las peores de circunstancias.
Podemos hacer constar las razones detalladas que hacen que esta nación mantenga un sistema democrático sólido y a su unión intacta. Pero fundamentalmente se basa en los principios de descentralización gubernamental, un sistema cerrado y justo de leyes, parámetros, regulaciones, educación en los valores democráticos y un absoluto respeto por la gran mayoría de los ciudadanos, en lo que se refiere a la constitución estadounidense entre otros innumerables factores que el espacio no nos permite mencionar.
Cualquiera que llega a la Casa Blanca debe regirse por estos principios constitucionales, por lo que se desmienten los rumores que las cosas pueden cambiar con Trump en la presidencia de los Estados Unidos.
Como Presidente, Trump tiene que tomar en cuenta a todos los estadounidenses, más del 40 por ciento de los votantes no estuvieron de acuerdo con su retórica de campaña, y si bien un 60 por ciento votaron por él por sus promesas, éstos no constituyen la mayoría. De hacerlo estaría dividiendo al país, tal como lo hizo en su campaña como una estrategia política para ganar el corazón de los que no estaban de acuerdo con la política de Obama y las promesas de campaña de Hillary Clinton.
Sus promesas de campaña son a mediano o largo plazo y necesita el respaldo total del Congreso como para aprobar el retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que todavía no está finalizado, y renegociar o desechar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte que Estados Unidos tiene desde 1994 con México y Canadá.
Como presidente, Trump tiene cierto poder para aumentar los aranceles a países como China. Podría también retrasar el TPP, incluso, si el Congreso lo aprueba. Sin embargo, los economistas han advertido que tales movimientos dañarían la economía al forzar a los consumidores a pagar precios dramáticamente más altos por todo, desde refrigeradores a camisetas.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Salvadoreños en el exterior expectantes del combate a la corrupción y las elecciones en EE.UU.

EBER HUEZO

Mientras vemos con expectación la captura de Tony Saca, el tercer expresidente salvadoreño que llevan a la silla de los acusados por delitos relacionados con la corrupción, los salvadoreños en los Estados Unidos estamos preocupados por los resultados de las elecciones el próximo 8 de Noviembre en este país, debido a las amenazas del republicano Donald Trump con deportar a millares de indocumentados  y las críticas constantes a algunos programas de ayuda del presidente Barack Obama.

El enjuiciamiento de importantes ex funcionarios de El Salvador, no nos sorprende, ya los Estados Unidos no lo habían advertido, no darán un centavo en ayuda sino se combate a raíz la corrupción que ha imperado en el país por muchos años.
Mauricio Funes,expresidente de El Salvador por el partido FMLN
La corrupción es un secreto a voces que ha operado de distintas maneras desde la transacción de dinero del estado a cuentas personales, el tráfico de influencias, el lavado de dinero entre otros delitos de cüello blanco,  razón por la que en nuestro país, muchos sectores quedan excluidos de los beneficios del crecimiento económico al no mejorarse los servicios elementales de la salud pública, la educación y sobre todo, para estimular el nacimiento de nuevas empresas apoyando a nuestros artesanos, pequeños comerciantes y crear fuentes de trabajo.
Los salvadoreños en el exterior somos parte de las víctimas directas de esa corrupción al no dejarnos otra alternativa que optar por autoexiliarnos y buscar oportunidades en otras naciones, que en nuestro caso es los Estados Unidos y otras partes del mundo. Actualmente, si a la mitad de los salvadoreños se les diera la oportunidad de salir del país para obtener mejores opciones de vida, estoy seguro que no lo pensarían dos veces para salir, excepto aquellos que de alguna manera han logrado obtener un empleo.
Y no es que no amemos a nuestro país sino que no nos dejan alternativas y ahora lejos de nuestra patria, tenemos que preocuparnos por las políticas migratorias que parecen ser excluyentes.
Francisco Flores,expresidente de El Salvador por el partido ARENA.
   Nos preocupan las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos por dos razones, porque de los resultados dependen muchas decisiones  a favor o en contra de los migrantes, pero también porque repercutirá en a nuestros países de origen por la ayuda económica que reciben a través de las remesas familiares y de los programas de ayuda estadounidense.
 Los salvadoreños queremos ser parte de la solución a los problemas de nuestro país, y estamos dispuestos a unirnos con el resto de comunidades hispanas para seguir luchando por una reforma migratoria así como unificar esfuerzos por seguir ayudando a nuestras comunidades de origen. Lo hemos estado haciendo. Las distintas organizaciones de salvadoreños por muchos años han venido realizando actividades  para obtener fondos económicos que permiten realizar proyectos educativos y de desarrollo.
Y volviendo a loa dos presidentes que ahora se les acusa de corrupción y otros delitos, hicieron giras por todas las ciudades de los Estados Unidos donde hay asentamientos de compatriotas, para obtener apoyo económico para sus campañas políticas y hoy, desafortunadamente, los vemos siendo enjuiciados por corrupción.
La corrupción hay que erradicarla cuando se está a tiempo antes que eche raíces para no caer en caso de otros países que gracias a ese mal, continúan en la extrema pobreza y enfrentando otros fenomenos sociales.
"La corrupción está robando el dinero de la gente, en vez de usarlo para mejorar las escuelas, las calles", dijo recientemente la embajadora de los Estados Unidos en El Salvador, Jean Manes, quién ha insistido en que "cada centavo debería ser para mejorar las cosas, para la gente del país".
Elías Antonio Saca,expresidente de ElSalvador por el partido ARENA
De manera que al igual que lo ha hecho la diplomática estadounidense, animamos a la Fiscalía General a seguir adelante pero sin revanchismo ni influencias políticas  al combate contra la corrupción y la impunidad. 
Creo que vamos por buen camino, pero lo salvadoreños debemos dejar de lado nuestras pasiones a favor de partidos y líderes que están siendo investigados y dejar que la justicia se encargue de ellos con el objetivo de tener funcionarios íntegros y honrados

Estoy de acuerdo con la embajadora Manes, los buenos salvadoreños debemos mantenernos firmes en la lucha contra la corrupción y por mejorar por propia cuenta, los sistema de finanzas, seguridad y judicial en país.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Un país dividido así mismo, no prevalece por mucho tiempo

Ya hace más de 2 mil años lo dice la biblia “un reino dividido no prevalece”

Por Eber Huezo
 El Salvador es un país cuyos habitantes le echan ganas para salir adelante y superarse, pero tiene una clase política marcadamente dividida que busca polarizar, que vuelve a la gente unos contra otros y que han hecho de la política un modo de vivir. Son éstos los que lejos de dar soluciones a los problemas del país los agravan con sus corrientes ideológicas  antagónicas  externadas por sus líderes, cuya injerencia llega a los órganos del estado y, hoy por hoy, llevan al país a la ingobernabilidad, a una situación que lejos de mantener al país a flote, lo lleva a una situación crítica, económica y social desesperante.

La polarización no es nueva, se viene arrastrando desde que se les quitó el poder a los militares y se bajó del pedestal a las 14  enriquecidas familias que tenían en sus manos el destino de El Salvador. Pero debemos reconocer que el país era más productivo y  se ubicaba entre los más industrializados de Centro América, menos índices de delincuencia y  flujos migratorios del campo a la ciudad y del país hacia los Estados Unidos, y con una moneda estable.
No añoro esos tiempos, lo digo en el contexto de la inestabilidad que existe hoy en nuestro país; una inestabilidad causada por la polarización de sectores que no quieren aceptar que los tiempos han cambiado, y que interpretan la democracia por libertinaje y la libre expresión por chantaje, para sacar ventaja a sus propios intereses.
Hemos tenido gobiernos  oportunistas en el pasado y en la actualidad  uno que no ha sabido administrar los bienes del estado con eficacia, que gasta más de lo que percibe y que ha llevado al país a punto de la quiebra; pero también tenemos una oposición política oportunista, que estuvo en el gobierno durante 20 años, y que para echar adelante sus programas tuvieron que vender los bienes del estado a los extranjeros. Estos quieren sacar provecho de la inexperiencia de la izquierda que, lejos de contribuir a solucionar los problemas de la Nación, toma ventaja para desgastarlo políticamente y presentarse como “el salvador” de la economía del país en las próximas elecciones.
 Así trabajan los partidos políticos y así seguirá funcionando, mientras se agrava una situación de iliquidez, que permitirá un resquebrajamiento económico sin precedentes.
Me da mucha pena porque desde hace muchos años hay intentos de diálogo para consensar acuerdos entre los diferentes sectores que han quedado plasmados en el papel; los periodistas fuimos testigos y los tenemos registrados en nuestros archivos, pero nunca vimos evidencias de cambio; todo lo contrario, se suman estrategias y acciones que permiten manipular  las  mentes de la gente para defender sus propios intereses.
Esto es lo que se evidencia en la oposición y las asociaciones  empresariales; buscan desgastar al partido en el gobierno –y lo están logrando-, de ponerlo entre la espada y la pared. Y se puede percibir en la declaración de emergencia por el presidente Salvador Sánchez Cerén para que la Asamblea le apruebe $1,200 millones en emisión de bonos antes de que finalice el presente año, es una prueba que el gobierno está en crisis.
No me pidan pruebas, vayamos a los hechos y a lo evidente, a lo que todos los salvadoreños en el país y en el exterior estamos viendo; se pide  la emisión de bonos, y los bonos son emisiones negociadas públicamente en las que los poseedores prestan dinero al emisor. Se piden reformas para echar mano de las pensiones de los trabajadores,  sin dar garantías que esos fondos regresarán con los intereses respectivos a los pensionados.
Si a esto le agregamos que El Salvador tiene una deuda externa que de acuerdo a datos del Banco Central de Reserva asciende a $16,142.0 millones, de los cuales el 58%  se los han prestado inversionistas privados, que cobran intereses de entre  el 3 y el 6%, no podemos deducir más que las cosas van de mal en peor.


Hacer reformas a la ley de pensiones, incrementar los impuestos para encontrar soluciones a la situación financiera, son salidas desesperadas, lo cual se califica como un abuso de poder, porque se quiere echar mano de un dinero que no les pertenece, sino que es de los trabajadores, que día a día trabajan arduamente, arriesgando sus vidas en ir y venir para ganarse el pan de cada día para sus familias. Es como que le den un dinero a guardar a alguien y éste alguien se lo gasta sin tener una garantía que lo va a devolver cuando se lo pidan, esto realmente es una actitud irresponsable.
Pero también es un acto irresponsable no contribuir con ideas para solucionar los problemas. Si tenemos problemas de iliquidez, los recortes son una buena idea, como recortar el sueldo de los políticos que año a año se lo suben en cantidades  exageradas, y la solución no es despedir gente de sus empleos, ni recortar los programas de seguridad, la salud y otros puestos de trabajo indispensables para la población.
Estoy de acuerdo en darse subsidios, pero estos deben ser selectivos, no populares, en echar andar programas educativos que permitan a la gente de bajos recursos mejorar su condición de vida, pero no a regalar el dinero a diestra y siniestra hasta caer en una condición de insolvencia como lo estamos viendo hoy.
En este sentido, la oposición no está siendo sincera al llamado del gobierno al diálogo, porque faltando a su palabra, a que el Gobierno haga recortes presupuestarios que afecten al pueblo salvadoreño,  a cambio de dar sus votos para resolver la grave crisis fiscal de nuestro país, ahora dentro de las exigencias van más allá, pide eliminar todos los subsidios y no selectivos, hacer recortes de personal masivos en la PNC  y el Ministerio de Salud.
También pide recortes a la Educación, eliminar todos los escalafones, eliminar los paquetes escolares, becas y el programa "Vaso de Leche" (que es básicamente alimentar a los niños y jóvenes escolares), aumentar el IVA en un 15% y eliminar el programa "Ciudad Mujer", que da atención integral a las mujeres de nuestro país, puesto que la oposición considera que todos estos programas que van en beneficio de la población son un total despilfarro y son completamente innecesarios.
Con estas exigencias solamente veo que la oposición como partido político mantiene a filo su estrategia de desgaste político, porque sabe que si esos programas se cortan, las consecuencias serán de protestas masivas, lo cual pondría en más aprietos al gobierno, y ganarse ellos un voto seguro para las futuras elecciones.  Insisto en que no hay voluntad clara de buscar soluciones; se busca dar el tiro de gracia, una estrategia ideológica y políticamente bien planeada.
Pero el tiro puede salírseles por la culata, los salvadoreños sabemos quiénes de verdad trabajan por nuestros intereses y quiénes pretenden seguirse aprovechando de lo poco que le queda al país. Creo que es tiempo de pensar en partidos alternativos que demuestren su vocación de servirle al pueblo, solo así, quizás, terminemos con esta polarización que hunde a nuestro país cada día.
fotos tomadas de Diario 1